y seguía pensando en ella
la forma en que caminaba, hablaba, amaba
la forma en que le dijo cosas que parecían verdad
pero no lo eran, y sabía el color de cada uno de sus vestidos
y sus zapatos
sabía la parada y la curva de cada taco
así como la pierna trazada por él.
Y ella había salido otra vez cuando el llegó a casa
y volvería con ese hedor especial otra vez
y lo hizo
entró a las 3 de la mañana
mugrosa como un cerdo comemierda
y entonces sacó el cuchillo de carnicero
y ella gritó
retrocediendo contra la pared de la pensión
todavía hermosa, de alguna forma,
a pesar del hedor del amor
y el terminó el vaso de vino.
Ese vestido amarillo
su preferido
y ella gritó de nuevo.
Y el levantó el cuchillo
desabrochó el pantalón
se sacó la ropa frente a ella
y se cortó las bolas.
Y las llevó entre sus manos
como nueces
y las dejó caer en el inodoro
y tiró la cadena
y ella seguía gritando
mientras el cuarto se hacía rojo.
¡DIOS, DIOS!
¿¡QUÉ HICISTE!?
Y se sentó sosteniendo 3 toallas
entre sus piernas
sin importarle si ella se había ido o
quedado
si estaba vestida de amarillo, de verde
o de nada.
Y mientras una mano
sostenía las toallas
la otra mano sirvió otro vino.
2 comentarios:
Qué bueno, qué bueno!
Hay dios.... qué feo.....
Nunca habia leido Bukowski...
Deberia empezar..
Vos no tenias un blog titulado "el mar un azar"? Si eras vos yo keria saber si esa frase la habias robado, a huidobro, o si era tuya.. en fin
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